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martes, 12 de enero de 2016

La estela

Aquella pequeña barca, la que descansaba en la playa, ya no está.
Languidecía varada sobre la arena, inclinada, con el tiempo llenando su casco de arrugas y cicatrices,  pintura moribunda bajo soles de justicia suprema, vientos torturadores de los cuatro rincones y lluvia como martillo sobre clavos.
Su quilla apuntaba al mar, ese mar en otro tiempo tantas veces roto por su orgulloso casco, mirada lastimera y melancólica de una era ya perdida entre las olas de plata que la mecían con el amor de las manos de una madre asidas a la cuna de su desvelos.

Aquella tranquilidad en la que ahora pasaba sus días, era una paz vestida de piedra gris que mas podría llamarse sepulcro. Maderos de extrema unción para la pequeña nave, traveseras de quemaduras de cigarrillos y restos de comida para aquellos que la tomaban como asiento, columpio de niños o silencioso testigo de amores que nacían y despedidas que mataban sin matar...

En las noches mas claras, hacia crujir sus maderas, cuando nadie pudiera oirla, con las olas besando la orilla, quiero pensar que maldecía su suerte, pero se que simplemente clamaba por convertirse en cenizas, que el aire se la llevara, que tal vez así sus aventuras continuaran sobre tierras y océanos que jamas vieron su valiente quilla asomar por el horizonte...

Deseo vivo de un alma moribunda de moho y herrumbre que se escapaba cada segundo bajo los cielos de los años...

Puedo imaginarla en su mortaja de arena contemplando como los demás barcos dibujaban estelas sobre las aguas que antaño fueron suyas. Blancos veleros de velas henchidas y altaneras, barcos de pesca zozobrando al compás de sus redes y aquellos enormes navíos recortando el cielo con su silueta....

Puedo verla derramar sus últimas lágrimas de resina sobre  su ajada borda, viendo la esperanza perderse con ellas y el sol que se las seca...Estelas en el mar, el collar de rocío de las naves conquistando el espacio y el tiempo bajo los cielos mas luminosos jamas soñados, flotando en las noches mas estrelladas, esas noches donde el mar se convierte en un gigantesco espejo y no se sabe donde empieza el cielo y termina el agua....

Pobre barquita vieja y varada...
Y ya no está, incluso su silueta en la arena ha sido borrada por el viento, pocos preguntan por ella, el paso del tiempo la convirtió en algo apenas visible. Los pocos que lo hacen creen que alguien se la llevó para hacerla leña de fogata o tirarla en un vertedero, cementerio de cientos de historias mudas...Eso dicen....Solo yo se la verdad...o la verdad que simplemente quiero creer.....

Tal vez una noche, sus crujidos fueron tan sentidos y lastimeros que en el cielo, las estrellas y la luna se apiadaron de ella...La luna que esa noche había venido pequeñita, decidió volverse plena, sabiendo el efecto que su cambio repentino podía hacerle el agua y su marea....
Así pues el mar creció y creció hasta llegar a besar el viejo casco de la barca. Esta se asustaría, claro, hacia mucho tiempo que un agua tan salada no acariciaba su panza, temblaría cuando el agua fría la consiguió enderezar al fin con un tañir de sus huesos de madera....

Su quilla apuntando al mar que ahora se abría ante ella y su alma llenándose de estrellas de gozo y felicidad...
Ya no le quedaban mas lagrimas por derramar cuando sintió como empezaba a deslizarse sobre el agua, como las olas la acunaban..como el mar se la llevaba....

Y así se adentró en el océano de su felicidad, sin mirar atrás...bueno, puede que solo una vez, para contemplar la estela que tantas veces deseó dibujada tras ella...Tan bella, tan hermosa como nunca se vio, una estela tan brillante como la misma luna que la guiaba hasta alta mar...
Y así se marchó, dejando atrás aquella playa, mortaja de arena como cenizas....

Y quiero creer, que desde su feliz marcha, ese camino de plata que se ve sobre el mar las noches de luna llena, es la estela de aquella vieja barca soñadora de mares y aventuras pasadas navegando eternamente sobre las aguas que el tiempo una vez le robó....

O al menos...eso deseo creer




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